Hoy cumple 30 años John Mayer, un excelente guitarrista de blues norteamericano. El acontecimiento es una buena excusa para repasar la carrera de este gran músico.
Por José Heinz
En la RS de este mes sale en una foto junto a BB King y Eric Clapton. ¿Eso no es prueba suficiente? Digámoslo de una vez: John Mayer ya no es un pibe. Basta de hablar de él como una joven promesa del blues blanco. Hoy comenzó a pisar las tres décadas y algunos podrán discutir si los 30 siguen siendo poco para tocar blues. A mí no me consta: Hendrix se murió a los 28 y tengo un amigo que toca la viola como los dioses desde los 19. Lo cierto es que este tipo, John Mayer, hace rato que se sacó la etiqueta del tal vez para convertirse en un hecho. Y por suerte le fue bien.
Mayer nació en una época muy fulera para el blues, la del punk. Si no fuera por un texano de pelo largo y sangre azul llamado Stevie Ray Vaughan, que volvió a poner el género de Mississippi en boca de todos allá por 1983, no sé si hoy estaríamos hablando de este pibe que toca tan lindo la guitarra. Las cosas por su nombre y a SRV le debemos dos: su música y haberle hecho descubrir el blues (la experiencia del recital en vivo, el sentimiento variable de cada canción) a toda una generación que nunca pudo ver a los monstruos del 60. Esta es una historia similar a muchas otras: el padre de John lo lleva al hijo a ver un show de Vaughan y para cuando volvieron a su casa ya estaba todo dicho: “Viejo, quiero tocar como el del sombrero”.
En 2001, Mayer edita su primer disco -Room for squares- y al año siguiente alcanza buena difusión No such thing, un temita acústico que no pincha ni corta, pero con unos lindos tonos de esos que sirven hasta para cortina de publicidad de caldos instantáneos. La facha del pibe también ayuda: empieza a salir con Jennifer Love Hewitt y las revistas de chimentos lo adoptan como el joven sensible y talentoso que todas quisieran presentar en la mesa de los domingos. No de la forma en que quisiera, pero Mayer comienza a hacerse notar.
Por José Heinz
En la RS de este mes sale en una foto junto a BB King y Eric Clapton. ¿Eso no es prueba suficiente? Digámoslo de una vez: John Mayer ya no es un pibe. Basta de hablar de él como una joven promesa del blues blanco. Hoy comenzó a pisar las tres décadas y algunos podrán discutir si los 30 siguen siendo poco para tocar blues. A mí no me consta: Hendrix se murió a los 28 y tengo un amigo que toca la viola como los dioses desde los 19. Lo cierto es que este tipo, John Mayer, hace rato que se sacó la etiqueta del tal vez para convertirse en un hecho. Y por suerte le fue bien.
Mayer nació en una época muy fulera para el blues, la del punk. Si no fuera por un texano de pelo largo y sangre azul llamado Stevie Ray Vaughan, que volvió a poner el género de Mississippi en boca de todos allá por 1983, no sé si hoy estaríamos hablando de este pibe que toca tan lindo la guitarra. Las cosas por su nombre y a SRV le debemos dos: su música y haberle hecho descubrir el blues (la experiencia del recital en vivo, el sentimiento variable de cada canción) a toda una generación que nunca pudo ver a los monstruos del 60. Esta es una historia similar a muchas otras: el padre de John lo lleva al hijo a ver un show de Vaughan y para cuando volvieron a su casa ya estaba todo dicho: “Viejo, quiero tocar como el del sombrero”.
En 2001, Mayer edita su primer disco -Room for squares- y al año siguiente alcanza buena difusión No such thing, un temita acústico que no pincha ni corta, pero con unos lindos tonos de esos que sirven hasta para cortina de publicidad de caldos instantáneos. La facha del pibe también ayuda: empieza a salir con Jennifer Love Hewitt y las revistas de chimentos lo adoptan como el joven sensible y talentoso que todas quisieran presentar en la mesa de los domingos. No de la forma en que quisiera, pero Mayer comienza a hacerse notar.
Suspensión. Escuchá el tema Gravity, un lento de aquellos que lleva su firma.
El disco debut trae además Your body is a wonderland, una balada en la que da pequeñas muestras de su faceta como compositor e intérprete: la voz grave y próxima al susurro, los arreglos de guitarra a dos cuerdas y una letra que evita las frases pavotas que tanto abundan en las canciones amorosas. Mayer invita a su chica piel de porcelana: “Tomá todos tus grandes planes / y cancelalos / que esto está destinado a durar un buen rato”. Ese levante le valió un Grammy en el 2003.
Luego de Heavier Things, su segundo álbum de estudio, por estos meses Mayer viene presentando el hasta ahora último y mejor disco de su carrera, Continuum. Allí no le escapa al formato canción, rinde tributo a sus maestros y la Fender Strat suena afiladísima. Encaja perfecto decir que se trata de un trabajo maduro: treinta pirulos, buenas canciones, una viola ultra sentida y el rumor de que ahora anda saliendo con Cameron Díaz, la ex de Timberlake. La rubia deja al pibe MTV para irse con un hombre. Si eso no es tenerla clara... Feliz cumple, man.
Luego de Heavier Things, su segundo álbum de estudio, por estos meses Mayer viene presentando el hasta ahora último y mejor disco de su carrera, Continuum. Allí no le escapa al formato canción, rinde tributo a sus maestros y la Fender Strat suena afiladísima. Encaja perfecto decir que se trata de un trabajo maduro: treinta pirulos, buenas canciones, una viola ultra sentida y el rumor de que ahora anda saliendo con Cameron Díaz, la ex de Timberlake. La rubia deja al pibe MTV para irse con un hombre. Si eso no es tenerla clara... Feliz cumple, man.

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