miércoles, 27 de agosto de 2008

La inteligencia musical

El disco nuevo de Radiohead se llama "In Rainbows" y puede descargarse a través del site de la banda. Eso es todo lo que se comenta. ¿Y qué hay de la música que desprende esa descarga?

Por Emanuel Rodríguez
http://pinchilonfonseca.wordpress.com/

No escucho mucha música. No soy un gran oyente. Soporto discos completos sólo si me excitan, me ponen a bailar o me activan algo parecido a la materia de los sueños. No puedo establecer una tradición musical, por ejemplo, y no sé a qué se refiere la mayoría de los términos que usan los críticos de música para hablar de lo que escuchan. Una vez Germán Arrascaeta le explicó a Demian Orosz qué demonios es un bombo en negra, por ejemplo, y Demian me lo explicó a mí, porque mi escritorio está al lado del suyo. Si hubo un momento en que entendí el concepto, ese momento fue fugaz como una lluvia de estrellas.

Quiero decir que consumo la música. No le interrogo demasiado. La excepción es cuando la música me interroga a mí. Cuando conmueve mi lugar de pasividad. Ahí sí me pongo como loco y puedo escribir por horas sobre cosas que no entiendo mucho pero que quiero transmitir porque el fuckin disco lo impone o porque crea en el living de mi casa la ilusión de que no sólo estoy escuchando a Thom Yorke preguntándose cómo es que ha ido a parar adonde empezó sino que estoy ahí, con Thom, acaso golpeando eso que suena a una especie de tambor en la intro de 15 steps.

La vanguardia es así. Los cinco cabezas de radio, en pose.

Me pasa con Radiohead y creo que con dos o tres bandas más que no vienen al caso. Me pasa con letras en inglés porque hacen fácil un proceso esencial para sentirme partícipe: inventar un sentido para esas palabras, un sentido que tendrá que ver con los ruidos, los paisajes de fondo, la persistencia del bajo, la cara que me imagino ponen los hermanos Greenwood mientras tocan lo que sea que toquen para que Radiohead suene como si fuera la banda de sonido del purgatorio.

Ya no me gusta, por eso, leer las letras. Prefiero el sentido esencial que creo que tienen determinados alaridos brutales de Thom.

Ya no me gusta creer en la revolución, tampoco. Dejé eso un poco tarde, es cierto. El año pasado, creo. Fue por una chica. No viene al caso. No me gusta porque pone límites. Antes escuchaba sólo lo que me parecía revolucionario. Como Ok Computer. Pero escuchar Ok Computer en clave revolucionaria debe ser una de las estupideces más soberanas de mi currículum. Radiohead no es una banda revolucionaria. Gracias a dios que no lo es. Cuando me di cuenta de eso empecé a disfrutar In rainbows, un fuckin disco de vanguardia. Uno de esos momentos de la historia de la cultura que hay que tener en el mp3 porque, oh beibi, destruye algo.

Lo primero que destruye es quizá lo menos interesante pero lo más sobresaliente: un modo de mercado. El disco se consigue gratis en www.radiohead.co.uk. Uno puede pagar, si quiere. Si yo cobrara en euros pagaría. Espero hacerlo un día de estos. Mientras tanto escucho 15 steps y me vuelvo loco de un placer que no experimentaba desde la versión en vivo de Idioteque que viene en I might be wrong.

Invitación. Para continuar con el experimento, hay que hacer un click.

Lo segundo que destruye es cierta apatía. Lo hace con una música que es como un signo de interrogación. ¿Cómo diablos se baila esto? ¿Con qué se come? ¿Por qué no puedo dejar de escucharlo?

Bodysnatchers tiene unas guitarras que remiten a National Anthem: Radiohead insiste en el modelo Kid A / Amnesiac de superposición de texturas sonoras en un cono de angustia que termina siendo de alguna manera liberador. O yo estoy demasiado drogado. No importa. Bodysnatchers es otra buena canción para esperar el fin del mundo moviendo la cabeza y los hombros adentro de un auto que viaja en llamas a la casa de una chica a la que hay que invitar a tomar una coca con urgencia.

La tercera canción es para cortarse las venas con estilo y dramatismo. Dont get any big ideas. They’re not going to happen. Ok Thom, la vida no tiene sentido. Pero por suerte le estás poniendo música.

Manifiesto creep: Weird fishes. No al pedo tenés el párpado caído, my friend. Sumerjámonos en el profundo océano. Una percusión como de marcha es el motor de un submarino que se hunde en la locura. Desde allí ha de venir Thom a destruir todo lo que esté a su corto alcance. Querremos estar ahí, claro.

En All I Need esa angustia es un camino al final del arco iris. Canción de amor obsesivo. Somos lo que está esperando a pasar. Soy todos los días que elegís ignorar. Sos todo lo que necesito. Es mentira, claro. Por que también uno necesita manzanas y milanesas de soja y botellas de agua finamente gasificada. Pero qué intenso que es decírtelo: sos todo lo que necesito. Vos y un disco de Radiohead. Vos y el teclado de All I need.

A mitad del viaje por el arco iris viene Faust Arp, que parece una versión tranqui de Myxomatosis. Oh dios, qué buena canción Myxomatosis. No viene al caso, aunque en Faust Arp el procedimiento poético es similar: la acumulación, la aceleración, pero con un paisaje de paz de fondo.

Y entonces llega Reckoner, que es la canción de Radiohead que yo estaba esperando. Cierro los ojos y me dejo llevar a un lugar que me pregunta sobre algo que no sé responder. Por eso la escucho una y otra vez. Cambia de tempo, se vuelve otra canción deforme, podría aturdirme. Pero, se hunde sólo para tomar fuerza. Oh Thom ¿cómo puedes cantar así? Es otra canción para escuchar en viaje, en un auto capaz de volar de noche, en un auto con esos parlantes carísimos que te dejan escuchar bien cada detalle.

House of cards es mi preferida. No quiero ser tu amigo. Quiero ser tu novio. Olvidate de tu casa de naipes. Lo que sea que esté diciendo Thom te lo está diciendo en mi nombre. La guitarra de balada se funde con un paisaje deforme. La canción responde a su letra: se desploma como un castillo de naipes. Y construye otro. Acaso más frágil, no importa. Un castillo de naipes arriba de un arco iris.

En Jigsaw falling into place la percusión es otra vez una invitación a mover los puños y morderse los dientes. Acá tendría que venir la canción fea del disco. Pero viene una exaltación de la belleza de las máquinas y de la velocidad, en armonía con lo que puede hacer la voz de un hombre radiante.

Hacia el final hay un piano que contradice eso o que te saca de lugar. Videotape es la canción que parece sobrar, porque uno no quiere que lo saquen del final del arco iris con esa música para el final de una película. Me gusta cuando empieza, de nuevo, la marcha. ¿hacia dónde iremos con esta música? No sé, pero quiero ir. Quiero llevarte conmigo. Acaso estoy muy drogado. No importa.

Pura pulsión.

Me gustaría tanto ser un Radiohead que mi cuerpo toma la decisión por mí y lo es. Un acto de soberbia, el de mi cuerpo. Pero hay una marcha. Algo que suena como a inteligencia musical. Una marcha de signos. No escucho muchas bandas que pongan en juego signos, ahora. No sé mucho de esas cosas, pero tengo la sensación de que hay en juego también una sabiduría, un sentido de la actualidad.

Soy un cronista grandilocuente, es cierto. Pero deberías verme ahora. Tengo una felicidad de siete colores.

No hay comentarios: