Hay ciertos personajes que parecen gozar de la impunidad que le otorga su posición en los medios. De esa manera, otros padecen su poder y la televisión se convierte en un círculo perverso.
Por Javier Contreras
El video era un hallazgo incalculable, media hora de programa, una joya preciosa de acuerdo a las reglas básicas que dicta el mundo de los chimentos: un famoso cogiendo. Las imágenes mostraban a la rubia despampanante gozando a lo loco. Quién sabe, quizá el rostro pálido de la espectadora haya virado a una tonalidad más rojiza al ritmo de los gemidos. ¿Será ella, che? Las tetas exageradas, las costillas blandiendo sobre la carne, la estampa de plástico ¿Será la Salazar? Posible título: “Exclusivo: video hot de conocida vedette teniendo sexo con dos hombres a la vez”. ¡Guau, qué historia!
Días atrás, la conductora Viviana Canosa revelaba en su programa un presunto video pornográfico de Luciana Salazar. Lo hacía a través de la pantalla de su teléfono celular, en una patética forma de emplear el suspenso y ocultar más de lo que se muestra, un clásico de esa pata televisiva. La mentira se descubrió rápido, y no por el aporte de un panelista honesto, sino más bien porque pajeros hay en todos lados: más de uno de ellos alzó la mano (ardua labor) para decir que la del video era una actriz triple X, parecida a la Salazar, pero no, nada que ver. El manager de Luly salió a desmentir el hecho y la situación quedó ahí.
Por Javier Contreras
El video era un hallazgo incalculable, media hora de programa, una joya preciosa de acuerdo a las reglas básicas que dicta el mundo de los chimentos: un famoso cogiendo. Las imágenes mostraban a la rubia despampanante gozando a lo loco. Quién sabe, quizá el rostro pálido de la espectadora haya virado a una tonalidad más rojiza al ritmo de los gemidos. ¿Será ella, che? Las tetas exageradas, las costillas blandiendo sobre la carne, la estampa de plástico ¿Será la Salazar? Posible título: “Exclusivo: video hot de conocida vedette teniendo sexo con dos hombres a la vez”. ¡Guau, qué historia!
Días atrás, la conductora Viviana Canosa revelaba en su programa un presunto video pornográfico de Luciana Salazar. Lo hacía a través de la pantalla de su teléfono celular, en una patética forma de emplear el suspenso y ocultar más de lo que se muestra, un clásico de esa pata televisiva. La mentira se descubrió rápido, y no por el aporte de un panelista honesto, sino más bien porque pajeros hay en todos lados: más de uno de ellos alzó la mano (ardua labor) para decir que la del video era una actriz triple X, parecida a la Salazar, pero no, nada que ver. El manager de Luly salió a desmentir el hecho y la situación quedó ahí.
Tal como sucede en estos casos, y para alcanzar algún puntito más de rating o un par de suculentas page views, algunos medios reprodujeron el simpático acontecimiento (me pregunto cuántos llegarán a naranja beat al buscar el “video porno de luciana salazar”). Desde eBlog, Leandro Zanoni se preguntaba “¿Por qué no se castigan las mentiras de los chimenteros?”.
Reformulemos la pregunta y ampliemos el espectro de análisis: ¿Por qué un periodista que investiga el enriquecimiento ilícito de un funcionario puede ser demandado por calumnia e injurias, y no así un chimentero? Una respuesta posible conjetura que la Justicia está unida al poder y de esa manera las intromisiones del periodismo trabajan en contra de esa alianza. Los deslices de las celebridades, por su parte, no modifican demasiado la vida cotidiana de los poderosos. Les importan un carajo.
Otra hipótesis más interesante la arrojó un colega a propósito de gente como Rial y la Canosa. Esta persona dijo: “Los famosos no los demandan porque les deben muchos favores, principalmente en el comienzo de sus carreras. Esa escena de las cartas documento, que se repite cada tanto, son una farsa en el noventa por ciento de los casos”. Una teatralización, digamos. Una tragedia vulgar.
Si llega a ser cierto que el mundillo del jet set local le debe favores a los programas televisivos, uno tiende a pensar que éstos operan como un diablo que compra almas bajo contrato. A su fama, los famosos parecen haberla pagado hasta con la dignidad. Ejemplos hay muchos, basta con nombrar al clan Süller (historias de putas y putos con desenlaces bizarros o que rozan la fatalidad), a Karina Jelinek (el cuerpo de la bella con la mente de la bestia) o la joven Wanda Nara, mezcla de porrista universitaria con prostituta de alta gama, todos personajes que han debido soportar la sobreexposición y los abusos a cargo de la televisión de la siesta. Ahora los conoce todo el mundo, sí, pero ¿a un precio justo? Lo cierto es que lo abonaron y al contado.
A esta altura no es necesario ponerse en defensa de las víctimas ni pedir que se erradique la divulgación de información berreta. Pero, por una cuestión que responde a la ética, los arrojos contra los famosos que tanto gustan a los chimenteros deberían ser penados por ley. O de otra forma que dejen de llamarse a sí mismos periodistas y se inventen un término para lo que ejercen. Chimenteros no está mal. Sinvergüenzas, ese también me gusta. Y cabe la posibilidad de que antes de cada programa aclaren que la información que divulgan está ficcionalizada. Inventada, bah.
Si deciden continuar con su carnicería humana amparados bajo el nombre de periodismo, adelante entonces, pero después a no quejarse. Por cierto, a mí no me molestaría que la Canosa fuera presa por una noticia falsa que haya divulgado. Sería un buen ejemplo a los estudiantes de periodismo que aspiran al limbo glamoroso del periodismo caníbal. Es más, en la cárcel podría aprender mucho, mirá si le pegan o le tiran de su melena colorada. Ya me estoy imaginando la placa roja de Crónica: “Conductora de TV violada por internas del penal”. ¡Guau, qué historia!

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