Pulpo aceptó el desafío: desde naranja beat se le propuso recorrer la ciudad para describir a las mujeres que rondan sus calles y veredas. Mal no la pasó. En esta primera oportunidad la tuvo fácil, convengamos: Nueva Córdoba.
Por Guillermo "Pulpo" Paz
Caminar por las calles de Nueva Córdoba no es tarea fácil para ningún hombre común. Menos aún para los antropólogos, quienes deben sumar a sus esfuerzos de la observación (que en realidad no es taaanto esfuerzo, sino que se hace con gusto), el ahora sí esfuerzo de la llamada "objetividad académica".
Y es que Nueva Córdoba victimiza cervicales con mayor vigor que scrum peleado, y hace girar el cuello más veces que partido entre Nalbandian y Nadal. Y uno que anda, libreta en mano, analizando los diferentes especimenes humanos que encuentra, debe reprimir un poco los gritos de guerra, los piropos furibundos y demostraciones babosísticas más ampulosas.
Rondeau y Buenos Aires, 20 hs. Una esquina emblemática de Nueva Córdoba.
Sin embargo, no caben dudas que caminar por Nueva Córdoba hace daño, y más cuando la temperatura primaveral aliviana el ropero y fomenta el paseo vespertino-nocturno por las calles neocordobesas.
Habiéndonos puesto ya en situación, comenzaremos a desglosar los diferentes tipos de mujeres que uno encuentra en las calles de Nueva Córdoba y que, una vez más, demuestran que de carne somos y serán destino de nuestros quiebres de cogote y aullidos lobizonescos, ya sean explícitos o tácitos. Van tres clases de mujeres:
a) La estudiante de Marketing. Asiste a una universidad privada y usa mucha ropa a la moda. Va a clases de chupín (sea la prenda que eso sea) y remera semiescotada y ajustada. Usa lentes oscuros a toda hora, como víctima de conjuntivitis crónica. Su principal interlocutor es su celular vía SMS. Los muchachos que se sientan en los bares de la Rondeau son sus principales piropeadores.
b) La moza. Obligada a la sonrisa, decora las tardenoches de Nueva Córdoba enfundada en el uniforme del bar al que pertenece y es capaz de despertar instintos cavernícolas cazadores con un solo movimiento de su rejilla en la mesa. Cumple la fantasía masculina de traer la cerveza o el fernet con una sonrisa en los labios y preguntando si queremos algo más. Como ley natural: “A más linda y simpática, más odiada por las clientas y más tiroteada y propineada por los clientes.
¿Me traés un fernet? La moza, un clásico.
c) La que va al gym. Con calzas o jogging apretaditos; remeras blancas usualmente holgadas, medias sacadas de un video clip ochentoso y zapatillas de cuero tipo botita; sumado a algún adorno o forma de atar el pelo, se dirigen al gimnasio más cercano en busca de relax, ejercicio, un cable a tierra y de paso cosechan miradas, comentarios y chaubebeses mientas transitan. Muchas veces el IPod les impide escuchar qué cosas le estará diciendo la muchachada, pero son ampliamente concientes del revuelo que generan. Por lo general van a clases de aerobox, taebo o algo similar, dictadas por un tal Pol o Micky (pronúnciese “Máiqui”), a quien consideran divino, pero no retribuye tales afectos... mundo cruel y despiadado.
Bien queridos lectores, hasta aquí llega esta inaugural columna intitulada “De carne somos”. Pronto llegarán más de estas categorías urbanas. Saludos, cariños, besos y abrazos.
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miércoles, 27 de agosto de 2008
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