miércoles, 27 de agosto de 2008

La modernidad al palo

Córdoba está de fiesta, señores. Fiesta de un atril, una luz y dos anfitriones: Los Modernos nos muestran lo mejor sus obras en dos semanas de noviembre. El que fue ya lo sabe y el que no, ¡ay, lo que se pierde!

Por José Heinz


Podemos hablar de una glorificación del lenguaje o de la elegancia al servicio del humor. Como sea, lo que logra este dúo arriba de las tablas es difícil de explicar. Y también cuesta resistirse a la tentación de comentar el espectáculo Los Modernos, lo mejor sin citar alguno de sus pasajes. Valga el intento como una aproximación o, mejor, como una invitación a disfrutarlo en persona.

Pedro Paiva y Alejandro Orlando se arriman al centro del escenario, con sus faldas simétricas y la vista al frente, a la luz de un reflector. Eso es lo único medianamente sencillo de narrar. El resto son dos voces, incontables gestos y una labia infatigable que nos atrapa en un delicioso juego de silogismos constantes, conjugados con una gracia y perfección tales que parecen el trabajo de un orfebre.


Mitad. Los Modernos, un privilegio que está de vuelta en Córdoba.


Durante el show habrán de preguntarse (de preguntarnos) acerca de la vida, la religión, el llanto o la educación primaria y sus remanidas conjugaciones de los verbos temer, partir, amar. ¿Amar dije? Los Modernos hacen del amor lo que los programas de TV hacen del fútbol los días lunes: lo debaten, analizan, diseccionan, discuten, reverencian. Y lo tratan con humor, claro. Nos advierten, por ejemplo, de su costado menos apasionado, con ideas tan frescas como aquella que nos dice que “un novio es alguien que no vio”.

La separación de una palabra, la búsqueda de una palabra dentro de otra, los dobles significados de un término o los palíndromos desfilan en la obra de forma constante, a ritmo vertiginoso pero muy ameno, algo bastante complicado de conseguir en el plano oral. Pero ellos logran su cometido y cantan victoria. A la manera de un juego de simón dice, a cada sentencia agregan otra idea, arbitraria en algunos casos, pero que nunca desencaja, donde conviven en armonía el psicoanálisis, los guarismos, la filosofía o el tango.


Y mitad. También hicieron de las suyas en España (fotos: LAVOZ.com.ar).


Los Modernos construyen un espectáculo ajeno a todo contexto de actualidad, manejan su propia realidad y de esa manera evitan los chistes oportunistas que tanto abundan en el teatro humorístico. Con ello alcanzan un show atemporal y tan preciso que no dan ganas de que se termine.

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