Pese a las reseñas favorables que recibió en los medios, la última de Verhoeven, "El libro negro", dejó a algunos espectadores con una sensación rara que dista del elogio. Veamos.
Por Mara Balestrini
Desde hace unos días Mata Hari se revuelca en la tumba. El sepulturero le avisa que en el Showcase pasan una película que se llama El libro negro y que es mejor que no vaya a verla. Sin embargo, acaso porque hace años que no come pochoclo, Mata no resiste la tentación de desempolvar sus mejores atuendos e infiltrarse –ella sí que sabe cómo hacerlo- en los cines del Shopping de Villa Cabrera.
Comienza la función. Una mujer bonita se reencuentra con una amiga de la infancia en un Kibutz. Ambas son holandesas, ¡ja! Al igual que nuestra espectadora. Nadie sabe que mientras en el cine pasaban los trailers de otros filmes, Mata usó su palm para leer comentarios acerca de la película que se disponía a ver: todas críticas elogiosas, llenas de flores para el director Paul Verhoeven (Bajos instintos y Showgirls) y para la bella protagonista Carice van Houten.
La sinopsis de El libro negro atrae a Mata: se trata de la odisea de Ellis, una judía que, en plena Segunda Guerra Mundial, se une a la resistencia para infiltrarse entre los nazis y así llevar a cabo su venganza contra quienes asesinaron a su familia. OK, el filme continúa y una acción conduce a la otra como en un ovillo prolijamente hilvanado donde la tensión nunca afloja.
Por Mara Balestrini
Desde hace unos días Mata Hari se revuelca en la tumba. El sepulturero le avisa que en el Showcase pasan una película que se llama El libro negro y que es mejor que no vaya a verla. Sin embargo, acaso porque hace años que no come pochoclo, Mata no resiste la tentación de desempolvar sus mejores atuendos e infiltrarse –ella sí que sabe cómo hacerlo- en los cines del Shopping de Villa Cabrera.
Comienza la función. Una mujer bonita se reencuentra con una amiga de la infancia en un Kibutz. Ambas son holandesas, ¡ja! Al igual que nuestra espectadora. Nadie sabe que mientras en el cine pasaban los trailers de otros filmes, Mata usó su palm para leer comentarios acerca de la película que se disponía a ver: todas críticas elogiosas, llenas de flores para el director Paul Verhoeven (Bajos instintos y Showgirls) y para la bella protagonista Carice van Houten.
La sinopsis de El libro negro atrae a Mata: se trata de la odisea de Ellis, una judía que, en plena Segunda Guerra Mundial, se une a la resistencia para infiltrarse entre los nazis y así llevar a cabo su venganza contra quienes asesinaron a su familia. OK, el filme continúa y una acción conduce a la otra como en un ovillo prolijamente hilvanado donde la tensión nunca afloja.
Mirá el trailer de El libro negro.
Mata aún no termina con su bolsa de pochoclo y ya comienza a preocuparse por el devenir de la trama: Ellis es una heroína envuelta en un sinfín de hechos que no requieren ningún tipo de solución de continuidad. Llega a todas partes en el momento indicado, nunca come ni hace pis ni se cambia la ropa ni se indispone. Tampoco le crecen las raíces –para desconcertar al enemigo se ha teñido el pelo de rubio– ni se le cruza por la cabeza la necesidad de parar por un minuto a reflexionar sobre su próximo paso. No, no…nada de eso le pasa a la súper protagonista para quien la aventura épica parece ser una condición innata.
Nuestra espectadora está molesta. Tanto tiempo en una tumba ha entumecido sus articulaciones y de repente la butaca es un lugar incómodo. Pasan las horas y la película no termina: llega a un instante en el que parece que todo cierra, casi se oye el chan chán del final y... ¡paf! Otro punto de giro. El traicionado es en realidad un traicionero encubierto y dará batalla. La rubia espía, fiel a su valentía, deberá volver a recurrir a los trucos estilo Mc Giver para salir viva del embrollo y no pasarán menos de tres escenas que ya estará metida en otro lío, producto de un nuevo engaño...

Vueltero. La nueva del director de Hollow Man es una oda a la calesita.
Verhoeven ha llegado más lejos de lo que la señora Hari es capaz de soportar. A esta altura, la espectadora espera cualquier cosa, incluso que la chica holandesa tome clases de danzas árabes y aparezca en la cama del mismísimo Hitler o que en realidad confiese que no es espía sino ninfómana. Mata se pone de pie antes de que termine la película y las luces de la sala delaten su presencia. Se lleva un manojo de Rivotril a la boca, le agradece al sepulturero por la advertencia y le ruega que custodie su sueño por varias décadas más.

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